El día comenzó un poco diferente. Normalmente la tengo que despertar a las 7:45 de la mañana para ir al nido, pero ahora está de vacaciones, así que podemos dormir un poco más. A veces su reloj biológico la levanta a la misma hora y camina a mi cuarto, pero como nos encuentra durmiendo, se hecha en la alfombra a mi lado (sí, en el piso) y duerme hasta que la levantemos. Pero hoy no, hoy se despertó a las 9:30 de la mañana mientras yo preparaba el desayuno.
En nuestro plan estaba juntarnos con sus amigos del nido en un parque cerca a la casa, pero tuvimos que desertar de esa actividad porque mi entrevista con una nueva empleada para mi casa se atrasó. Así que nos pasamos la mañana juntas, limpiando, ordenando, sacudiendo y aspirando...Y digo juntas porque Fabiana tiene su propia franela azul con la que me ayuda a "limpiar"...
Luego llegaron Mari y Julián. Le hicieron el día a Fabiana y obvio a mí, que me derrito con la sonrisa de mi chanchito favorito. Estuvieron con nosotras almorzando, salimos a pasear, jugamos y lloramos durante horas.
Cuando se fueron, decidí que "necesitaba" un helado de pinkberry, así que decidí llevar a Fabiana por uno. Nos abrigamos, salimos, escogí mis toppings y nos sentamos juntas en una mesita a disfrutar de nuestro helado favorito y de una buena conversación. Porque sí, hablar sobre los colores del envase, de mis frutas favoritas, de los tamaños de las cucharas y de las letras en la pared, fue la mejor de las conversaciones. Tenerla con mi hija de 2 años, la hace realmente sorprendente.
Un rato después y 2 visitas al baño, nos fuimos a la librería Crisol a leer cuentos. Nos pasamos más de una hora tiradas en el piso leyendo los cuentos más creativos e ilustrativos que encontramos. Yo le leía uno y ella me leía otro, o mejor dicho, yo le leía uno y ella me inventaba otro. Mi cerebro pasó de pensar en trabajo, preocupaciones y otras tonterías a pensar en tiburones que estornudan, pájaros pintados y muñecos hechos de madera. En ese momento, sólo pensaba en cosas serias.
Regresamos a casita, yo le di su sopa y ella me dio mandarinas en la boca. Le puse su pijama con miles de interrupciones y la llevé a la cama. Le leí "Ricitos de Oro"como todas las noches y me lo leyó después a mí (este sí me lo cuenta bastante bien). Cerró sus ojos, abrazó su "memé" y me dio muchísimos besos.
Y la noche terminó así, yo echada en mi cama, escribiendo en mi computadora y añorando miles de días más así juntas. Repasando todo mi día con mi compañera inseparable con los ojos llenos de lágrimas de emoción y rogando (por favor)...demórate un poco más en crecer.
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