Cuando llegué me puse a pensar en lo lindo que la habíamos pasado y todo lo que Fabiana había conocido en sólo un día. Pensaba en la suerte que tenemos de vivir en un país como este. Fabiana tiene 7 meses y ya conoce el mar, el campo, los animales de granja, los peces y más. Y es que la verdad es esta: Te amo Perú. Siempre me sentí muy afortunada de haber nacido aquí. Cada vez que paso por la Costa Verde, me siento totalmente agradecida. Poder oler el mar en verano y en invierno hace que las combis y las pistas rotas valgan la pena.
Pero tengo un reto: hacer que Fabiana ame al Perú del mismo modo que yo lo hago, o más aún si es que es posible. Que prefiera viajar a la selva antes que a Miami. Que reconozca las diferentes culturas, razas y tradiciones como diferentes y no como peores o malas. Que no sienta que por haber nacido en Lima es más que un niño de Abancay o que la empleada de la casa. Que si escucha a alguien de la sierra hablar, no lo critique si no que lo quiera aún más por ser de allá. Y por supuesto, que le gusten las pinturas de animales en los postes del tren eléctrico.
Y es que ahora eso es realmente todo un reto. En el mundo "globalizado" en el que vivimos ahora, donde se supone que deberían haber menos fronteras, pasa todo lo contrario. Cada vez estamos más cerca a Estados Unidos, pero más alejados de Ayacucho o Loreto.
Tengo un sueño: ver a Fabiana jugando en la laguna de Yarinacocha, tirándose de los árboles al agua sin miedo y haciendo mil amigos ahí. Desde el día en que fui a Pucallpa y vi a los niños tan felices con tan poco, lo imaginé y lo grabé en mi mente. Fabiana pronto estará por allá, eso se los aseguro. Esperemos no más que la vida no lo convierta en todo un reto.




